Si algo caracterizó a la banca de inversión neoyorquina durante la época de expansión crediticia y burbuja inmobiliaria fue un amor desmedido al apalancamiento financiero y a sus jugosas ventajas en termino de beneficios. El problema es que todo tiene su contrapunto, y el excesivo ratio de endeudamiento sobre los fondos propios supone mayores ganancias cuando el activo se revaloriza pero cuando éste pierde valor empìezan a tambalearse los cimientos del negocio financiero. Así como otros competidores de Lehman, tenían un alto apalancamiento éste nunca llegó a alcanzar la auténtica barbaridad que había en los libros de Richard Fuld, CEO de Lehman Brothers que se situaba en 2008 40 a 1.
Cuando el mercado inmobiliario americano empezó a dar síntomas de que la hinchazón de la burbuja había llegado a su fin, todas las miradas llevaban ya tiempo situadas en Lehman y su excesivo nivel de deuda. Fuld dijo que había que iniciar un plan para aliviar el balance de la compañía pero no tardaron en encontrarse con un problema y es que gran parte de esos activos habían perdido sensiblemente su valor y no podían deshacerse de ellos sin una pérdida notable de dinero con la consecuente perdida de confianza por parte de los accionistas e inversores.
Ante esta situación de iliquidez, aparece el instrumento conocido como REPO, un método que usan la gran mayoría de los bancos de inversión para mejorar sus posiciones de liquidez a corto plazo, que consiste básicamente en un préstamo de otra compañía poniendo como colateral activos de la propia firma con el compromiso de que serán recomprados en una fecha determinada por el principal más los intereses. El problema de Lehman es que la ya conocida como REPO 105, era empleada con otra intención más oscura, que no era otra que la de ocultar las bombas de relojería de su balance, contabilizando estás repos como ventas y no como prestamos, obviando que había una deuda que honrar y unos activos que debían volver al balance.
El hecho más relevante es que estas operaciones se realizaban días antes de dar a conocer los resultados trimestrales para poder decir a sus accionistas y al mercado que la compañía estaba reduciendo su exposición al mercado inmobiliario para capitalizarse cuando la realidad es que el banco debía recomprar los activos días después. El sistema es el siguiente: Lehman pide un préstamo y ofrece como garantía activos suyos valorados en el 105 por ciento del monto de éste, con el cash flow de la operación cancelaba deudas por el mismo importe y presentaba resultados, días mas tarde debía recomprar los activos por lo que se obligaba a endeudarse de nuevo por la misma cantidad quedando el balance exactamente igual que antes de la REPO 105.
El desenlace de la historia es conocido por todos, Lehman que llegó a cotizar en 2014 a 82 dolares la acción, poco antes de su bancarrota rondaba los 3 y poco dolares. La postura de Hank Paulson secretario del tesoro es que nadaban o se ahogaban y que el gobierno no iba a intervenir como con Freddy Y Fanny ni con Bear Stearns para salvarles el trasero (o los activos). En un fin de semana frenético había dos potenciales compradores, que no iban a tocar nada si alguien no limpiaba la porquería antes, Paulson y Timothy Geithner presidente de la FED de Nueva York se ofrecieron para arbitrar una solución del sector privado.
De alguna manera se les sugirió que por su propio bien compraran la basura del balance de Lehman para que o bien BOA o Barclays UK atacaran los activos sanos. El acuerdo se logró por su parte, el problema fue que BOA había abandonado la jugada en favor de Merryl Linch cuyo CEO, Jonh Thain temeroso de ser el siguiente en caer, le ofreció una mejor oportunidad a Ben Lewis (CEO del BOA) quedando en pie sólo la opción de Barclays, siendo por motivos burocráticos y por prudencia y miedo de transportar la crisis al Reino Unido de los británicos que no puedo cerrarse a tiempo. El lunes había llegado y Lehman debía presentar la bancarota acogiéndose al capítulo siete antes de que abriera el mercado asiático y el virus se propagara.